Mientras sigo llegando a Santiago –esto puede durar meses- quería compartir otra historia del dúo Parra-Jiménez en su lucha –o intento de lucha- por la subsistencia en el legendario Camagüey.En pleno período decidimos –una vez más- salir de la miseria, y que mejor manera que poner en práctica los conocimientos que adquirimos durante años estudiando. Si somos –o era en mi caso- químicos porque no vivir de eso, mira, borrachos siempre habrá, la gente no tiene dinero pa comer pero pa tomar siempre encuentran, nos miramos a la cara y … joder como no se nos ocurrió antes –frase altamente repetida en nuestras conversaciones-
Decidimos hacer ron –chispa de tren-, “solo” necesitábamos, materia prima, herramientas y un distribuidor, dábamos por sentado que cupo en el mercado sobraba jaja.
¿La materia prima?, muy fácil, una fábrica de vino seco que hay en Camagüey, las herramientas, un calentador de agua que debíamos sacar de la pared de mi casa como destilador, unas mangueras viejas que había por la casa de Romel, un condensador de cristal que Romel tenía como una reliquia de procedencia dudosa, un alicate oxidado y un trozo de alambre, los últimos fueron durante mucho tiempo las herramientas favoritas de Romel, con ellas lo mismo ponía las mangueritas del “destilador”, arreglaba la cocina piker o “reparaba” el karpati.
Un buen día destrozamos -ante la mirada perpleja de mi abuela- y a martillo limpio como buenos cromañones la pared en la que estaba instalado el calentador en mi casa –en el baño-, en el intento casi salimos a la otra casa.
Ya con el equipo en el suelo nos dimos cuenta que la resistencia –el alma de nuestro equipo- estaba partida-. Para no alargar mucho la historia, luego de interminables viajes a la fábrica donde antes trabajaba –y gracias a los buenos amigos que aún tenía allí- logramos más o menos arreglar aquello.
Nuestro laboratorio era el patio de la casa de Romel y allí –con el alicate y los alambritos- montamos nuestra fábrica.
La materia prima la compramos en varios lugares, en las tiendas o en la fábrica, teníamos unos “porrones”, dos verdes –uno con un agujero- y uno amarillo de tapa roja. Dábamos unos cuantos viajes y ya no me acuerdo donde dejábamos todo aquello, cuando íbamos a la fábrica casi siempre había bronca con los viejos que allí estaban, pero eso era parte de la rutina. También había que tener en cuenta a los borrachines que se metían el vino seco directo sin tanta destilación ni un carajo.Al principio –y al final- teníamos a un borrachín –por cierto Romel, ya no toma nada- que siempre visitaba la casa de Romel y era nuestro catador, pa ese todo estaba bueno.
Vendimos bastante de ese brebaje, fuimos –luego de muchas “corridas”- detectando los fallos y afinándolo todo, a mi me cansaba un poco –era bastante aburrido el proceso- pero lo compensábamos con nuestras interminables partidas de ajedrez –donde normalmente pateaba al florenciano jaja-.
A lo que iba con la historia es que un día decidimos hacer una producción a gran escala, toda la noche, preparar algo bien bueno para llevarlo a Ciego y allí cambiarlo por jama o venderlo, para eso hicimos nuestra mayor compra, llenamos todos las reservas para en la noche –Romel se encargaría de eso- destilar y volver a destilar hasta alcanzar una pureza nunca vista antes y luego mezclar con el agua destilada, el roble etc.
Nuestro método era el clásico destilar y volver a destilar lo destilado hasta eliminar olores -bueno tanto como eliminar no- y lograr algo tomable –pa los salvajes que se lo tomaban, a mi no me gustaba para nada-
Dejamos todo listo Romel se queda y yo al otro día como a las seis de la mañana llego a su casa para el viaje a Ciego y me topo con Romelillo con tremenda cara de sueño y decepción –una mezcla de ambas-
- Qué pasa come caballo podrido. Lo saludo
- Nada flaco un accidente
- Un qué!!!!
- Na que en la última colada explotó esa mierda
Jajajaj menos mal que tenía “la torrecilla de fraccionamiento” un tapón en una punta, y por allí salió todo, si no lo llega a tener no estuviera Romelillo en Chile.
Nunca más volvimos a destilar, decidimos cerrar el negocio jajja y pensar en que podíamos hacer, quizás algo mejor con lo que diríamos… cómo no se nos ocurrió antes!!!!
PD. Para que el consumo de electricidad no estropeara nuestra rentabilidad, Romel descolgaba -ponía de cabeza- el contador de su casa, como en mi casa era una práctica muy común en ese entonces, pero... un buen día llegó el que leía la luz a casa de Romel y ... aún estaba de cabeza el contador!!!
Yo abandoné esa mala práctica el día que se formó un corto circuito y explotó -literalmente en mi cabeza-
4 comentarios:
Menos mal que el viaje a Santiago lo hiciste en carro y no en avión por que si asi te demoraste tanto no me lo quiero imaginar si también tuvieras que contar los inexplicables e inpredecibles procederes en la Aduana.
Creo que los años esos que tú y Romel pasaron juntos en Camagüey hicieron más historias que las que van a hacer en el resto de sus vidas, a todos le sacaban algun provecho pero se cansaban rápido...
Por cierto, que es de la vida de Romel que hacer rato no veo nada de él por aqui.
Marín, ya entiendo el motivo de todos tus tropiezos por toda la isla, estbas buscando a una rubia que se ocupara de ti...
un abrazo
Bartolo
Barto, Marinno es tan negro, es el contraste!!!! jajaja, esta igualito, no se pone viejo
Tu sabes que para que un negro se vea viejo, tiene que tener una carga de años arriba, asi que cuando veamos a Marín viejo por aqui ya no podremos ni leer esto... jajaja
Vamos caballero, va a hacer la semana conmigo? El caso es que la rubia cedió ante el empuje del mulatoide. La pelea no fué facil pero al final me sonrió la victoria.
y en cuanto a lo de rubia eso ya ni lo sé porque los cambios han sido tantos que ya ni recuerdo el color original. Las mujeres sabrán de eso.
Sobre lo de mantenerse, nada, mucho deporte, buen caracter, mucha alegría, fiesta pachanga y una actitud proactiva ante la vida, no hay secretos.
Nos leemos tropa.
Yo
Publicar un comentario